martes, enero 11, 2005

Espejo

Reconocer en los demás rasgos que nos son propios es un alivio.Los homicidas se recononcen, se estudian entre si, lo puros de espíritu y cuerpo también tienen su compadreo. De todos es sabido la afinidad de los ebrios, esa exaltación de la amistad acompañada del tintineo de los vasos y copas.Los románticos se enamoran de románticas, aunque forniquen con quien se deje. Los cautos no suelen ser amigos de los arriegados, aunque forman un interesante pareja. Los esclavos no serán jamás invitados a la mesa del señor con total naturalidad. Laicos y religiosos a veces buscan puntos en común, ¿ su tozudez? Vivir nos permite contemplar imágenes, conocer diferentes personas, ideas, lugares, y a poco que nuestra mente no esté embotada acabamos por reconocernos en otros, en ideas ajenas, en formas, colores.Nos identificamos con cosas tan ajenas a nosotros que nos sorprendemos, a veces nos asustamos. A veces cuando amamos a alguien, cuando compartimos cuerpo y ánimo solo es un desesperado intento de amarnos a nosotros mismos.

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