domingo, febrero 06, 2005

Sofía

Querida Sofía, la felicidad no es tangible, no se transmite de manera tan sencilla como nos tiene acostumbrados los literatos, los escribientes, los amanuenses y los presentadores del telediario, no. La felicidad es y sin temor a equivocarme, la plena aceptación de lo que lo que somos, y en ese proceso es indudable que vamos a sufrir, inevitable y además sería poco ético y poco inteligente negarnos ese dolor. Desde luego que no me gusta, no me apetece, y no deseo ese sentimiento trágico de la vida y su discurrir, pero es una de mis manias, tóxica ella, dar giros, descender a mis miedos, obligarme a pensar en lo negativo, sopesar lo que tengo, juzgarme, mortificarme con absurdos e hipotéticos futuribles, no en vano estoy educado como católico. Ocurre que como el vino, con el tiempo cojo cuerpo, me desprendo de las alegrías primaverales y voy dandome un poso de taninos que en ocasiones el bebedor no se espera, pero eso quizá sea culpa del embotellado y la etiqueta, no del producto.

No hay comentarios: