jueves, marzo 10, 2005

11-M

Por razones de trabajo viajo en tren este últimos mes a primera hora de la mañana, sobre las siete y veinte. Viajo en un tren de cercanías, casi siempre lleno, con gente que no conozco de nada,algunos dormidos, otros en animada charla. Hay gruppos de getne que solo se conocen del tren, que solo en el tren hablan y se relacionan, luego, al llegar y abrirse las puertas cada uno va a su destino. A veces escruto las miradas, los rostros, estoy atento a algunas conversaciones, me fijo en la ropa, las caras de frío y sueño, busco rostros familiares. Hago lo que cualquier observador, busco cosas, gestos , historias. En pocos días ya conozco a la mujer que se queja de su trabajo a dos hombres de mediana edad, siempre el más alto la escucha atentamente, su compañero a veces se separa y se sienta aparte. Me fijé, como no, en una chica rubia de rostro luminoso. Escuche varias conversaciones intrascendentes, el tiempo, el futbol, el colegio de los niños. en unos días no he viajado en tren, quizá trade dos o tres semanas en viajar y cuando me suba supongo que volveré a buscar esos rostros conocidos, algunos no estarán, otros permanecerán, los motivos no me importan, puede haber cientos de motivos para que tres vagones llenos queden de un día para otro vacios, lo que me produce desasodiego, e incluso dolor es que alguien en nombre de algo decida que esa realidad debe de terminar violentamente, con estrépito. Quizá no sea un lamento tan exagerado como los que vivimos estos días, pero os juro que es sincero, y desinteresado.

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