domingo, abril 10, 2005

A veces me conmociona la fragilidad, me suspende en un letargo, me maneja como el viento a la semilla liviana, y me aterra, pues la fragilidad es solo una facultad temporal, no es virtud, no es signo, no es destino. Todos somos frágiles,de una u otra forma, todos somos hielo expuesto, todos roca que sabe llegará a ser arena, y cuando nos apiadamos de lo frágil no hacemos sino elevar una plegaria para cuando ese sea nuestro destino.A veces, como todos, me dejo llevar por mi sentido ético, mis ideas, mis sensaciones, incluso por la catarsis común del encuentro, la manifestación ,el manifiesto y el festejo, y huyo de la fragilidad, buscando la durexa del diamante en mi ánimo, en mi espíritu, a sabiendas de que no existe tal dureza, o al menos su eternidad. A veces la fragilidad, propia y la ajena me golpea, para recordarme que está ahi que no la puedo evitar que no debo huir, para recordarme que esa emoción que me produce revela un nuevo misterio sobre mi condición humana, al que lejos de darle una dimensión ética o ideológica le doy un sentido orgánico. La fragilidad enfría mis visceras,palidece mi rostro,anula mi libido, me irrita el iris y una corriente fría traspasa mi interior desde la pelvis hasta el el cráneo, dejando me a merced de las circunstancias de la vida,situación en la que frágiles o petreos , todos estamos.

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