jueves, junio 02, 2005

Apologistas de la hecatombe madrugan para insultar a quienes no piensan como ellos, y afortunadamente yo no pienso como ellos, yo no me vendo, tanto, por tan poco. Apologistas del fascismo, de la falacia, de la falsedad, personalidades que se han ido retorciendo no se sabe a qué causas debidas, personajes que solo buscan la confrontación, el odio y la repulsa del adversario como si eso les hiciese a ellos puros, lejos de los otros, impenetrables a las teorías y dinámicas de los extraños, como si su propia degradación fuese un signo de premio, distinción y toque divino, ya que lo humano parece terminar en ello. Apologistas del terror, que aterrorizados ellos siembran discordia, miedo e invocan a los demás a secundar su particular excreción. Siempre los ha habiado, siempre habrá gente así, es parte de la condición humana, es la superficie de la hez, y conviene que estén, para no despistarnos y no dejar que la fetidez nos invada por completo, los apologistas ya se encargan de anunciarnos lo que puede llegar, y por eso, los navegantes, ya avisados al ver la hez, evitamos el paso, o clamamos por la falta de limpieza, o la ignoramos.

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