viernes, junio 24, 2005

tormentas de verano

cae la lluvia furiosa sobre nuestras cabezas, sin previo aviso, solo la costumbre de mirar al cielo cada poco pone en alerta a los más precavidos, el resto corren por la calle con sus chanclas, sandalias y zapatos descubiertos, algunos estupefactos, otros molestos, no es posible que si ya estamos en vernao tenga que llover de esa manera, no es coherente, porque todo el mundo sabe gracias a la publicidad que el verano es sol, descanso , felicidad, amores fugaces y paga doble. Algunos también saben de las tormentas de verano, de su fuerza, de su poder, de los rayos que asolan montes, queman árboles y matan vacas, de los truenos, de las nubes negras que de repente ocupan el cielo y nos expulsan de la siesta o nos obligan a buscar refugio rápido. Pese a ello no dejamos de sorprendernos, como si tuviesemos un pacto, como si en algún momento de nuestra historia como especie hubiesemos llegado a un acuerdo con la naturaleza para no ser agredidos en esta época. A veces las tormentas de verano nos ponen en nuestro sitio...

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