martes, marzo 04, 2008

Una vuelta de tuerca más,.Asturies.


La autocomplacencia es un mal extendido, más allá del procrastinar, rozando con lo absurdo y cercano a lo patético. Hemos caído en la dictadura de la subvención, del contratín, del apañu, el negocio a costa de conocidos, la "ayudina" , los "chollos" y así seguiremos, con un gobierno débil más gestor de subvenciones que gobernante y una oposición que tras la entrada del "huracán Gabino" en campaña está asustada porque más que maneras lo de ese personaje son alardes. empezar un mitín con la música de la serie "Curro Jiménez" es un canto al "revival", una declaración de principios y una "boutade" como pocas hemos visto, pero si hay tontos que aplaudan siempre habrá un listo que les cobre. Somos los reyes de la equidistancia, aquí nadie se mueve, está todo tan bien repartido ( y eso sí que es cierto), que los combatientes políticos hacen sombra, pero nunca llegan al combate. Evidentemente todo esto va a romper, nadie es tan iluso como para pensar que podemos seguir así hasta el infinito o la nausea( lo podría poner en latín, pero no me apetece), pero es inevitable una fractura porque el tedio, la apatía, la falta de iniciativas y el desdén oficial acaba por lastimarnos en lo más profundo. Culpables somos todos en la medida que cuando nos beneficia callamos, y cuando nos perjudica callamos por si no nos volviera a beneficiar, de ahí que nuestra tradición democrática sea penosa, no estamos preparados individualmente para exigir a los gobernantes y a al vez responder con honradez.
NO hay nadie que me merezca si acaso un mínimo de respeto, a veces hasta mi propia trayectoria me resulta incomoda de recordar y recuerdo que siempre pensé que la vida era algo especial que debía de tener una organización ejemplar para que todos pudiésemos disfrutar de esta oportunidad única, es en vano, pese a quien pese somos animales sociales pero de los malos, de los dañinos, dentro de 200 años quienes lean sobre nosotros nos calificarán de bárbaros, haraganes y alimañas, de nada servirán los adornos que tanto proliferan, pues al igual que en la corte del Rey Sol , los afeites solo servían para enmascarar pobremente la pestilencia de palacio.

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